Artículos a leer

Dejamos algunos artículos sobre algunos de los lugares que visitaremos. Conviene tener, al menos, una somera idea de cada uno antes de visitarlos. Ayudará.

La Fuente de la Virgen, en Nazaret

Emociona llegar a Nazaret y encontrarse con la llamada "Fuente de la Virgen" o "Fuente de la señora María", como la denominan los musulmanes.

Jesús y María  acudían aquí a extraer el agua que, al igual que entonces sigue brotando del manantial situado en la pequeña iglesia de San Gabriel, de los ortodoxos griegos,  ubicado a unos dos cientos metros más arriba. Desde alíi descendía hasta la fuente.

Nazaret del siglo I era una pequeña aldea de trescientos habitantes. No más. Iba desde la "Fuente de la Virgen"  hasta la iglesia de la Anunciación.

De Nazaret nunca se habla en la Biblia, era un rincón de menor importancia, ignorado. Estaba conformado por un puñado de cuevas naturales desperdigadas en diferentes niveles sobre la  pendiente de la colina, con muros apoyados sobre la roca, grutas a su vez utilizadas como almacenes.

"¿Y de Nazaret puede salir algo bueno? exclama Natanael, cuando un día le presentaron a Jesús.

En Nazaret  vivió Jesús casi treinta años. Por ello le llamaban el nazareno.

Emociona encontrarse con esta pequeña aldea, hoy una gran ciudad de palestinos de más de 80.000 habitantes, que, a pesar de los años transcurridos, sigue siendo  Nazaret. Como nosotros  somos el mismo de pequeños que de mayores -nuestro yo permanece a pesar de los años-,  igualmente sucede con Nazaret; pequeña o gran ciudad , sigue siendo Nazaret, el lugar en el que vivó y creció  Jesús, el Maestro.


¿Estuvo Jesús en Séforis?

Séforis, que fuera la capital de la Galilea hasta el año 20 d. C., a seis kilómetros de Nazaret, y la ciudad más importante del entorno, no aparece en el Nuevo Testamento, pero es muy probable  que Jesús la visitara muchas veces y que incluso trabajara con su padre y los vecinos de Nazaret en su reconstrucción. Así lo consideran los expertos bíblicos.

Desde la llegada al poder de Herodes Antipas, en el año 4 a. C.  hasta el año 20 en que la trasladó a Tiberiades, en honor de Tiberio, fue la capital de Galilea, la capital de su gobierno y lugar de su residencia. Habitada en el momento por una amplia comunidad de judíos ortodoxos, se rebeló contra Roma y fue destruida. Herodes Antipas inició su reconstrucción.

Los expertos en los evangelios señalan que lo normal es que Jesús y su padre se trasladaran allí a trabajar. Nazaret, una aldea de escasa importancia, no podía ofrecer trabajo a todos sus habitantes.

Existe también la creencia de que los padres  de María, Ana y Joaquín, fueron nativos de Séforis. Por ello en la época de las cruzadas se erigió allí, en las afueras de la ciudad antigua, una iglesia dedicada a ellos, propiedad de los franciscanos.

Si bien Séforis se rebeló contra Roma en tiempos de Herodes Antipas, no lo hizo en la revuelta que acabó con la destrucción del templo en el año 70.  Ello permitió que no fuera destruida.

Las investigaciones arqueológicas, iniciadas en 1931 y que continuaron durante todo el siglo, hallaron una bella ciudad romana y un coqueto teatro, con un aforo para 4.500 personas. ¿Trabajó Jesús en su construcción? ¿Escuchó allí el termino griego "hipócritas"  con el que llamaba a los actores que representaban en sus obras teatrales, entonces como ahora, una personalidad que no era la suya?

El encuentro de diversas culturas que se sucedieron en los siglos siguientes han hecho que hoy  se puedan visitar en  Séforis, sinagogas, palacios, fortalezas, iglesias y sobre todo bellos mosaicos en casas romanas del siglo III y IV, sobre todo el mosaico de la llamada "Mona Lisa de Galiea".



Criterios para saber si un lugar es histórico

Cuatro son los criterios que se suelen tener en cuenta para confirmar la veracidad histórica de los lugares que visitaremso en el itinerario de nuestras peregrinaciones.

  • La tradición
  • La confirmación de los bizantinos
  • Los escritos de peregrinos en el siglo IV
  • Y los trabajos arqueológicos, que ratifican los lugares marcados por la tradición.

La tradición. Pronto, tras la resurrección de Jesús, los cristianos, judíos en su mayoría, fueron a visitar y a rezar  a los lugares en los que vivió  o fueron importantes en la vida de su Maestro. Querían recordarlos, conocerlos  y sentirse más cerca de Jesús. Más aún, allí empezaron a bautizar y a celebrar la eucaristía. Es el caso de la iglesia de la Anunciación en Nazaret, la casa de San José  en Nazaret, la casa de Pedro en Cafarnaún, el Cenáculo, la zona del Santo Sepulcro, el entorno del pozo en que Jesús se encontró  con la samaritana en Siquén...

En el año 70, tras la primera revuelta judía, los romanos destruyen Jerusalén y los cristianos huyen de la Tierra Santa. Van hacia Pella, en Jordania. Posteriormente, en las primeras décadas del siglo primero, tras la segunda revuelta judía, Adriano convierte  Jerusalén en la una provincia romana, Aelia capitolina, la llamó. No permite que ningún judío o judeo-cristiano viva allí. Más, construye un templo a Venus en el lugar del Santo Sepulcro. Los cristianos, consiguientemente, no podrán visitar los  los llamados santos lugares hasta el siglo IV en que Constantino I  declara el cristianismo como la religión oficial del Imperio romano. No los olvidarán sim embargo, Algunos los visitarán, incluso clandestinamente, afrontando persecuciones o muerte.

Durante dos siglos los santos lugares van a permanecer abandonados, en constante deterioro. El obispo de Jerusalén, Macario,  en el 325, informa a la emperatriz Helena, madre d Constantino, que "los lugares están muy abandonados" y le pide ayuda para su reconstrucción. Saben dónde están. No  los han olvidado.

Los cristianos de Bizancio. Tras la declaración del cristianismo como religión oficial en el siglo IV, se empiezan a buscar y reconstruir los rincones en los que se desarrolló la vida, pasión y  muerte de Jesús; se destruye el templo a Venus, se marca el lugar exacto de la crucifixión, nacen monasterios masculinos y femeninos en el Monte de los Olivos; se construye la Basílica del Santo Sepulcro y la iglesia dela Natividad en Belén.

Peregrinos de distintas nacionalidades y orígenes visitan los santos lugares en el siglo IV.

Ellos dejarán por escrito detalladas informaciones de los espacios visitados. Del año 33 data una de las descripciones más antiguas, conocida como "·Anónimo Burgalense", obra escrita por un peregrino anónimo de Burdeos. Con todo, la peregrina más conocida es Egeria, abadesa, se cree, de un monasterio gallego, emparentada con la realeza, lo que posibilitó que una mujer recorriera sin peligro,  entre el 381 y 384, Jerusalén Palestina, Jordania, Mesopotamia, Egipto y Constantinopla,  de modo que pudiera contar a sus monjas su recorrido por los lugares sagrados del Nuevo y Antiguo Testamento. El título  "Itinerario de Egeria". También se conservan escritos de otras peregrinas, como Poemenia, emparentada con el emperador Teodosio, y probablemente de origen hispano; Paula de Roma, Melania la mayor y Melania la joven, tres mujeres que renunciaron a sus riquezas y adoptaron una forma de vida ascética en el país del Señor. A diferencia de Egeria, fueron sus biógrafos quienes describieron las etapas de su viajes por Tierra Santa.


Los trabajos arqueológicos ratifican los lugares marcados por la tradición.

Durante los siglos XIX y XX se han realizado numerosos estudios arqueológicos de los lugares bíblicos, especialmente de aquellos referidos a Jesús y los evangelios. La arqueología está posibilitando acercarnos cada vez más al Jesús histórico y a la veracidad de los evangelios. Está permitiendo confirmar científicamente muchos de los lugares que la tradición refería a Jesús y los evangelios. Los trabajos en Cafarnaún; en la iglesia de Gallicantum, donde se han hallado las escaleras de acceso al palacio d Caifás; los grafiti en la iglesia de la Anunciación con la alabanza "Xaire Maria" -Ave María-,  y en la casa de Pedro en Cafarnaún con el nombre de "Petrus"; los minuciosos estudios realizados en la Basílica del Santo Sepulcro; la sinagoga de Magdala; los papiros d Qumrán son algunos de los ejemplos de lo mucho que hoy en día está aportando la arqueología.


El Santo Sepulcro, santuario sagrado por excelencia

La iglesia del Santo Sepulcro, también llamada de la resurrección. es para los cristianos el santuario por excelencia. Por dos motivos:

Primero: porque en su interior se encuentra el Gólgota o calvario, especio en el que tuvo lugar la crucifixión; el edículo, donde se halla el sepulcro de Jesús y la piedra donde la tradición señala  que fue ungido Jesús antes de ser sepultado, conforme era la costumbre de los judíos.

Segundo: Millones de cristianos, santos y papas, canonizados o no, han visitado este templo y han permanecido en él en oración y contemplación Recodemos algunos cercanos para nosotros; Francisco Javier, Iñigo de Loyola, Carlos de Foucauld... Uno se siente parte de la Iglesia universal.

Visitado desde los primeros días.

El lugar de la crucifixión y enterramiento de Jesús  fue visitado por sus discípulos desde los inicios del movimiento cristiano.

Hacia el año 135 Adriano prohibió la visita al lugar  a todos los cristianos y en el lugar levantó un templo a Venus. Quería hacer un enclave de adoración a los dioses greco-romanos. Durante 200 años los cristianos no pudieron visitar el lugar.

En el 326 Constantino I construyó el el templo del Santo Sepulcro en el mismo lugar en que Adriano habia erigido el templo pagano. Se lo habia pedido su mdre Helena. 


Capillas y rincones de devoción

En la iglesia del Santo Sepulcro se pueden visitar además, capillas y rincones de devoción de las más diversas confesiones que regentan el templo. Merece visitarse especialmente la capilla de los franciscanos, con su hall dedicado a María Magdalena, la capilla de Santa Helena y la capilla de los armenios,  aunque está cerrada, habitualmente.

Los musulmanes tienen la llave del templo

El templo del Santo Sepulcro oes propiedad o se encuentra bajo la custodia de diversas confesiones cristianas: católicos, greco-ortodosxos, armenios, siriacos, etíopes y coptos.

Curioso, por otra parte, es que dos familias musulmanas sean las propietarias de la llave de acceso al templo, y encargadas se abrir y cerrar su puerta cada día.

Los Al Husseni son los dueños de la única llave. Recibieron la encomienda de Saladino, el sultán que 1187 arrebató Jerusalén a los cruzados. Saladino quiso asegurar la paz entre las diversas confesiones cristianas y que el edificio no fuera dañado por otros musulmanes. La familia Nuseibeh es la encargada de abrir y cerrar la puerta del edificio. Cada mañana y cada anochecer miembros de las dos familias, o un representante designado por ellos, están presentes para lo que se ha constituido ya en un curioso ceremonial.